En la era digital, la pornografía es más accesible que nunca. Pero, ¿sabías que este género también se consumía de forma masiva en el siglo pasado? Las revistas picantes y las novelas eróticas llegaban con gran éxito al público flamenco.
«La tigresa»,«La carne es débil», «Ayúdame un poco, cariño»… Estas novelas eróticas de baja categoría se vendieron masivamente en los años 60 y 70. No en las librerías habituales, sino discretamente «bajo el mostrador» de los quioscos o a través de vendedores ambulantes que iban de puerta en puerta. Los autores también pasaban desapercibidos y se ocultaban tras un seudónimo explícito o de sonaje americano (Jan De Neucker, Lou Merryl, J.D. Burton, Franklin Frehman...).

Aunque los títulos y las portadas puedan parecer recatados, el contenido no suele serlo. El género evoluciona desde atrevidas novelas burguesas hasta obras más explícitas o de sadomasoquismo puro y duro, ilustradas o no con fotografías o dibujos. La Flandes católica reacciona y destruye toneladas de material erótico impreso. Es un esfuerzo en vano, pues lo sexual explícito se abre paso en la literatura «convencional». Escritores conocidos como Jef Geeraerts, Hugo Claus y Louis Paul Boon combinan el sexo y la palabra escrita.

A principios de los años 70, las novelas de bolsillo perdieron popularidad frente a las revistas, que podían incluir más material visual y eran más baratas de producir. Por ello, editoriales como De Schorpioen comenzaron a publicar revistas, entre ellasSex TopySexy West. Otra revista,De Mascotte, partiósiguiendo fielmente la tradición de la novela pulp, con un relato erótico por número. Sin embargo, con el tiempo, el contenido se fue diversificando cada vez más y aparecieron también otras secciones, como los horóscopos. Las portadas también se volvieron más explícitas.
Texto: Sam Capiau
Este artículo también se publicó en«faro | revista sobre patrimonio cultural», 12 (2019)2.