Ya en el siglo XI surgieron en los Países Bajos organizaciones informales de personas que ejercían la misma profesión o oficio. Esos artesanos solían vivir juntos en las mismas calles y barrios de las ciudades medievales. En las zonas que hoy conforman Flandes, se dedicaban principalmente al abastecimiento de alimentos, al sector textil, al sector de la construcción, a la marroquinería y a la metalurgia, entre otros…
Muchos nombres de calles de las ciudades flamencas siguen evocando esa concentración de profesionales del mismo gremio.

Hacia finales de la Edad Media, los grupos profesionales comenzaron a organizarse en gremios artesanales formales. Además de brindar apoyo social a sus propios miembros y transmitir conocimientos técnicos, también buscaban cada vez más influencia política. Sin duda, a partir del siglo XIV dejaron su huella en la economía urbana. Participaban en la elaboración de la normativa sobre la industria y el comercio, imponían normas de calidad a las materias primas y los productos acabados y velaban por las condiciones laborales.

En ocasiones, los gremios también desempeñaban un importante papel militar: así, durante la Batalla de las Espuelas Doradas de 1302, el ejército del conde de Flandes estaba compuesto en gran parte por artesanos. Algunos líderes destacados de las tropas flamencas en dicha batalla, como el tejedor Pieter de Coninck, procedían de los gremios artesanales.
En los siglos XVI y XVII, los gremios perdieron influencia política, debido a que la administración de la región flamenca se centralizó cada vez más bajo el dominio de los Habsburgo. No obstante, siguieron desempeñando un papel importante en la sociedad urbana hasta la Revolución Francesa.
Esta historia ha sido creada por Geheugen Collectief para FAAM, el museo virtual.







