En el yacimiento minero Be-MINE, en Beringen, hoy en día es más probable encontrarse con buceadores, escaladores y ciclistas de montaña que con mineros. Sin embargo, el lugar sigue respirando el ambiente de su pasado industrial minero. La mina de Beringen, al igual que las demás minas de Limburgo, ha dejado una huella imborrable en la región.
Todo comenzó en agosto de 1901, cuando un equipo de geólogos perforó un yacimiento de carbón en el centro de Limburgo. En aquella época, el carbón era la principal fuente de energía, por lo que el descubrimiento hizo soñar a la gente con un salto cuántico económico para la provincia. Pronto se desató una fiebre del carbón y, tras algunas disputas, el subsuelo quedó repartido entre siete empresas mineras. Sin embargo, los retos eran enormes.
Además de una serie de dificultades técnicas, había una cuestión importante que preocupaba mucho a las empresas mineras: ¿cómo iban a encontrar suficiente personal dispuesto a trabajar bajo tierra?

El centro de Limburgo estaba poco poblado y era de difícil acceso debido a la deficiente infraestructura. Por eso, las direcciones de las minas construyeron nuevos barrios residenciales de un verde intenso, conocidos como «barrios con jardines». De este modo, esperaban atraer a nueva mano de obra a la región minera.

Tras la Segunda Guerra Mundial, las minas de Limburgo vivieron su época dorada. Era necesario reconstruir la economía del país y para ello se necesitaban toneladas de carbón. El primer ministro Achiel Van Acker puso en marcha la «campaña del carbón»: un plan nacional de reactivación para el sector del carbón. Los mineros obtuvieron un mejor estatuto con todo tipo de ventajas. Pero el trabajo bajo tierra seguía siendo peligroso e insalubre. Quienes podían encontrar trabajo en otros lugares, preferían mantenerse alejados de las minas.
Así pues, en 1946 Bélgica firmó un acuerdo con Italia: a cambio de carbón belga, el país proporcionó miles de trabajadores italianos. También llegaron trabajadores extranjeros de otros países para trabajar en las minas, ya fuera en el marco de acuerdos oficiales o no.
Lo que esos trabajadores migrantes no sabían es que los días de esplendor de las minas belgas estaban a punto de llegar a su fin. En 1965 cerró la primera mina de Limburgo: Zwartberg. El resto siguió sus pasos en las décadas siguientes. El cierre de Zolder, la última mina, en 1992 marcó el fin de la industria del carbón en Bélgica.
Esta historia ha sido creada por Geheugen Collectief para FAAM, el museo virtual.











