Un lucio, lubinas, ostras… En este cuadro del siglo XVII se puede ver todo un surtido de pescado. Casi se puede oler su característico aroma. ¿Qué es lo que hace que esta obra sea especial?
La pintora es una mujer, Clara Peeters. Los historiadores saben poco sobre ella, a pesar de que fue una de las pocas pintoras destacadas de su época. Sus obras tuvieron éxito desde su ciudad natal, Amberes, hasta España. Peeters pintaba sobre todo bodegones. Se trata de composiciones cuidadosamente seleccionadas con objetos como flores, plantas o alimentos. Al fin y al cabo, a las mujeres no se les permitía formarse como pintoras y, por lo tanto, no aprendían a pintar modelos humanos. Por eso, los géneros pictóricos como las escenas bíblicas no estaban a su alcance.

Clara Peeters no fue la única pintora a la que le gustaba el pescado. A partir de 1550, los artistas representaban con frecuencia estos animales en sus cuadros, por ejemplo, cuando retrataban un bullicioso mercado urbano. A partir de 1600, los bodegones ganaron cada vez más popularidad.

¿A qué se debe esa predilección por el pescado? Los animales de los mares y los ríos eran un alimento muy popular en los Países Bajos Meridionales en esa época. Las grandes abadías criaban peces de agua dulce, como la carpa, en sus propios estanques. Esto generaba más ingresos que la agricultura.
En la costa, los barcos pesqueros capturaban arenques, el único pez de mar que aparece en la obra de Peeters. Al igual que el ejemplar del cuadro, solían ahumarse para poder conservarlos durante más tiempo. Las gambas, como las que se ven en primer plano en la obra de Peeters, las capturaban pescadores a caballo, que surcaban con sus redes las olas del mar del Norte.
Esta historia ha sido creada por Geheugen Collectief para FAAM, el museo virtual.







